Andrómeda, la hija de gran belleza de Cefeo, rey de Etiopía, y de Casiopea, fue liberada, por el héroe Perseo, del monstruo enviado por Poseidón, con el que más tarde se casaría, gozando de una gran felicidad. A su muerte se convirtió en la gran constelación del hemisferio norte situada al sur de Casiopea (constelación con forma de W) y al oeste de Perseo, que no contiene estrellas de primera magnitud aunque es el objeto más distante que se puede ver a simple vista.
Su forma y sus dimensiones la convierten en una versión ampliada de nuestra propia galaxia. Durante los últimos años, los científicos han descubierto que la Vía Láctea es una galaxia caníbal que se ha devorado - y seguirá devorándose - a otras galaxias más pequeñas. Y parece que Andrómeda, no se queda atrás: nuestra vecina se está tragando a sus dos pobres galaxias satélites. Es lógico, porque la gravedad manda en el universo y el canibalismo galáctico parece ser moneda corriente.
La Vía Láctea, Andrómeda y las nubes de Magallanes forman parte de un grupo de 30 galaxias denominado "el grupo local" que abarca unos 10 millones de años luz. La mayoría de las galaxias del grupo local son de forma elíptica y contienen menos de una milésima del número de estrellas que tienen Andrómeda, la Vía Láctea o M33. De hecho, después de estas tres galaxias, las nubes de Magallanes resultan ser las mayores del grupo, que a su vez, es una parte exterior del Cúmulo Virgo, que comprende miles de galaxias.



